Durante años, la obesidad fue abordada desde una perspectiva centrada en la balanza: cuánto pesa una persona, cuánto debería pesar y cuánto necesita adelgazar. Sin embargo, la evidencia científica ha llevado a los especialistas a cambiar esa mirada y a entenderla como una enfermedad crónica, compleja y multifactorial, capaz de aumentar el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.
Durante la celebración del taller Vive Ligero, en el Foro Latinoamericano Value Exp, auspiciado por Novo Nordisk, el médico internista chileno Rodrigo Alonso, especialista en nutrición y riesgo cardiovascular, planteó que ese cambio de narrativa es fundamental para comprender por qué una persona con obesidad puede terminar desarrollando un infarto, insuficiencia cardíaca, arritmias o un accidente cerebrovascular.
Para Alonso, el primer paso es reconocer que la obesidad no puede reducirse a una cuestión de voluntad individual ni a la simple relación entre lo que una persona come y la actividad física que realiza.
“La obesidad no es falta de voluntad, la obesidad no es como mucho y me muevo poco, la obesidad es una enfermedad, cumple todos los criterios para una enfermedad, tiene complicaciones asociadas, tenemos tratamiento y es una enfermedad crónica, no ocurre hoy, no ocurre en un mes, ocurre en el tiempo, es una enfermedad compleja, no es solo un órgano afectado, participa el sistema digestivo, participa el hipotálamo, el escenario nervioso, participa el tejido adiposo y la inflamación”, precisó.
- Asimismo, el doctor explicó que se trata de una enfermedad multifactorial, donde no hay una sola causa, sino que intervienen factores propios del individuo: socioeconómicos, ambientales, biológicos y genéticos.
“La realidad es distinta en los distintos países de América Latina y, de hecho, cada país es distinto según el estrato socioeconómico”, indicó.
El problema no termina cuando se pierde peso
Uno de los grandes desafíos en el manejo de la obesidad es que el organismo tiende a defender el peso perdido, lo que puede llevar a muchas personas a entrar en ciclos repetidos de pérdida y recuperación de peso, originando los coloquialmente conocidos “ciclos yoyo”.
Alonso lo describe como una característica propia de una enfermedad que puede reaparecer y que requiere seguimiento prolongado.
Aclaró que no todas las personas con el mismo peso tienen necesariamente el mismo riesgo cardiovascular. Para el especialista, la distribución de la grasa también importa.
“Es una enfermedad heterogénea, dos pacientes con el mismo peso pueden tener riesgos distintos, totalmente diferentes. La distribución del tejido adiposo también es importante, no solamente la cantidad”, acotó.
- El tejido adiposo no es simplemente un depósito de energía. Cuando se expande de manera excesiva, especialmente en determinadas zonas del cuerpo, puede adquirir características que favorecen procesos inflamatorios.
De acuerdo con el especialista, inicialmente la acumulación de grasa se inicia en el tejido subcutáneo, pasando al tejido visceral, hasta que se produce la inflamación en tejido ectópico, recubriendo órganos como el páncreas, hígado y corazón, donde originalmente no hay tejido adiposo.
“Y por lo tanto, trae riesgos para la salud. Y ahí vienen las complicaciones y sobre todo las cardiovasculares. El problema de obesidad en América Latina para mí es un drama y es un problema de salud pública”, resaltó.


