De cada 100 pesos que un dominicano destina a su canasta básica, casi 17 son gastados en transporte. Es la proporción más alta de la región, por encima de Panamá (16.35 %), Honduras (16.10 %) y casi el doble que Nicaragua (8.93 %).
¿Por qué cuesta tanto moverse en la República Dominicana? La respuesta no está en la geografía ni en el precio del petróleo, sino en la estructura del sector. El transporte público opera bajo un esquema en el que el Estado fija tarifas y los llamados sindicatos de transporte controlan las rutas. El resultado es un mercado cerrado: sin competencia real, sin incentivos para mejorar el servicio y con precios que no responden a la eficiencia sino al acuerdo político.
A esto se suma una carga impositiva sobre vehículos y combustibles que encarece tanto el transporte privado como el público, y una organización del tránsito que eleva los tiempos de desplazamiento y, con ellos, los costos operativos.



