Los gritos rompieron el silencio del segundo pasillo del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva cuando agentes policiales retiraban bajo custodia al teniente coronel del Ejército Samuel Elías Céspedes Valdez, imputado por la muerte de Licairis Yalibes Díaz Valenzuela.
“¡Justicia!” y “¡asesino!” gritaron los familiares de la joven mientras intentaban abrirse paso entre la multitud y acercarse al oficial. La Policía Judicial intervino para impedir que la tensión derivara en una agresión.
La escena se produjo después de que fuera aplazada por cuarta ocasión la audiencia preliminar del proceso, una decisión que volvió a dejar en suspenso la posibilidad de que el tribunal determine si existen pruebas suficientes para enviar al imputado a juicio de fondo.
Maniobra
El abogado de la familia de la víctima, Hanser Martínez, calificó la actuación de la defensa como una maniobra dilatoria.
Explicó que la petición presentada por el imputado buscaba recurrir una decisión que ya había sido declarada inadmisible por haber sido planteada fuera de plazo y porque implicaría retrotraer el proceso a una etapa anterior, algo que la legislación procesal penal no permite.
“Esta es la cuarta audiencia y todas han sido suspendidas a pedimento de la barra que defiende al imputado”, sostuvo .
Martínez, quien afirmó que, pese a los cuestionamientos de la defensa sobre la cadena de custodia de las pruebas, una investigación del Ministerio Público determinó que todas fueron obtenidas y preservadas conforme al principio de legalidad.
La prolongación del proceso ha profundizado el dolor de los familiares de Rafael Emilio Ramírez, uno de sus parientes, afirmó que sienten que la estrategia de la defensa busca desgastarlos para que abandonen el caso.
“Prácticamente están jugando con nuestra debilidad para que nosotros le bajemos el caso, y eso no se va a dar. Nos quitaron una niña estudiante, que tenía toda una vida por delante, y nosotros no nos vamos a cansar. Lo único que exigimos es justicia”, expresó.
Señalaron que de no hacerse justicia la tomarán por sus manos, lo que no buscan.


