Durante años, la avenida Duarte fue un imán de compradores. La afluencia era tal que los vendedores cerraban las puertas de sus establecimientos hasta que salieran los clientes para luego permitir la entrada de quienes esperaban en las afueras de las tiendas.
Los miembros de la Asociación de Comercios de la Avenida Duarte (Asoduarte), en su mayoría pertenecientes a la segunda generación de propietarios, recuerdan aquella época. Sus familiares, casi todos migrantes, levantaron negocios que todavía permanecen en la zona.
Pero de aquella Duarte queda poco.
Para los comerciantes agrupados en Asoduarte, el problema actual no es que llegara una nueva nacionalidad a esa zona. Su principal cuestionamiento es otro. Consideran que el Estado no supo administrar ni regular el crecimiento del comercio chino en el país.
Competencia
Hace unos días, elEspera
Asoduarte recuerda que años atrás le convocaron a una reunión por el Ministerio de Industria, Comercio y Mypimes. De aquel encuentro surgieron mesas redondas en las que participaron comerciantes de distintos sectores, además de la Dirección General de Impuestos Internos, la Dirección General de Aduanas, el Instituto Dominicano de Formación Técnico Profesional (Infotep) y varios departamentos del Estado.
Se realizaron tres o cuatro reuniones, pero, según los comerciantes, no produjeron resultados.
“Nos quedamos esperando. Ya es tarde. Seis años después. ¿Qué hacemos? Y nosotros todavía estamos luchando”, reconoce uno de los integrantes.
Tamaños
Los comerciantes señalan otro mecanismo que, según opinan, reduce costos: registrar cada sucursal de una misma cadena bajo un RNC diferente.
Según detallan, esto permitiría que establecimientos pertenecientes a un mismo grupo operen como microempresas y eviten las condiciones salariales correspondientes a empresas medianas o grandes, que aplican a partir de los 50 empleados.
“Una sucursal tiene 40 empleados, pero la otra sucursal, siendo la misma, tiene otro RNC con 40 empleados. Entonces, no llega al límite de 50, pero si lo juntan pueden tener 200, 300 empleados”.
Asoduarte rechaza que sus reclamos respondan al interés de convertirse en los únicos actores del mercado. La competencia, comentan, también los llevó a trabajar con márgenes cada vez más reducidos.
Sobrevivir
La respuesta de Asoduarte también consistió en buscar nuevos mercados de importación.
Debido a las dificultades y el caos en China durante la pandemia del COVID-19, muchos importadores comenzaron a abastecerse en la India e Indonesia.
La estrategia les permite diferenciarse del comercio chino, que, según señalan, solo trae productos de su propio país. De esa manera, ofrecen una oferta distinta y de mayor calidad, incluso si para hacerlo sacrifican parte de sus márgenes de ganancia.
Para Fernández, el conflicto no debe plantearse como una confrontación entre dominicanos y chinos.
“No creemos que sea un tema de los comerciantes de República Dominicana contra los chinos. Vemos prácticas que están manejando o las manejaron en otros países porque si no, no hicieran el ruido que hacen”.
El vendedor cita a otros países de la región como ejemplos de lugares donde, según su percepción, la llegada del comercio chino también generó cuestionamientos.
También sostiene que antes de llegar aquí estos comerciantes salieron de Ecuador y Chile, donde, según afirma, los gobiernos lograron que solo permanecieran quienes cumplían con las leyes.
Para Asoduarte, la responsabilidad principal recae en el Estado. La entidad plantea que este debe ser el 95 % regulador y que el 5 % restante corresponde a los comerciantes, quienes deben encargarse de buscar diferentes proveedores, mercancías y calidades.
Su reclamo, insisten, no se dirige solo a los comercios chinos. Están de acuerdo en que las instituciones hagan cumplir la ley a cualquier comercio. Sea del país que sea.
Mientras tanto, para ellos, mantener abierto un negocio tradicional se vuelve cada vez más costoso. La consecuencia, explican, es que una tienda que no vende puede quedarse sin capacidad para cubrir sus gastos.
Ellos, sin embargo, aseguran que continuarán en la avenida. “Estamos tratando de seguir vivos. Es muy difícil esta competencia”, afirma García.
En sus comienzos, la avenida Duarte se expandió a partir de la calle El Conde y la avenida Mella. Durante la época de Trujillo, era de dos vías y contaba con un paseo central con bancos. Sin embargo, tras ver a personas durmiendo en ellos, Trujillo ordenó destruir el paseo central con un grédar.
A partir de entonces comenzaron a establecerse negocios formales en ranchitos y casas de madera. Entre los primeros comercios pilares de la zona se encontraban Calzados Los Muchachos, Calzados Lama y La Paloma.


