Más de 1.5 millones de microemprendedores en la República Dominicana generan ingresos o ganancias estimadas entre 20,000 y 35,000 pesos mensuales, formando parte de una estructura productiva que, con el apoyo y educación financiera adecuados, pueden convertirse en un motor de generación de ingresos propios con potencial para contribuir a la salida de la pobreza.
El diagnóstico, presentado este miércoles por la Fundación Microfinanzas BBVA y el Banco Adopem, identificó que 404,034 establecimientos comerciales contaron con local o infraestructura fija.
Del mismo modo, destacó que 3.05 millones de dominicanos trabajan en micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), equivalentes al 61.6 % de la población ocupada del país. A su vez, el 51.3 % de los microemprendimientos son liderados por mujeres.
Este peso en el mercado laboral es relevante en un contexto en el que la generación de ingresos propios constituye un elemento esencial para que los hogares superen la pobreza y, sobre todo, reduzcan el riesgo de volver a ella.
De la necesidad a la movilidad social
El director de Investigación de la Fundación Microfinanzas BBVA, Giovanni Di Plácido advirtió, sin embargo, que una parte importante de estos negocios surge como respuesta a la necesidad de obtener ingresos ante la falta de otras oportunidades laborales.
“Tenemos que abandonar esta idea de romantizar el emprendimiento. Está muy bien, pero tenemos que entender que el grueso (de los microempresarios) emprende por necesidad. El reto es cómo transformamos este acceso por necesidad a una construcción de un camino de movilidad social permanente”, expresó.
De los microemprendimientos que hay en el país, el 86 % opera en la informalidad, una tasa que refleja las condiciones de vulnerabilidad en la que se encuentran estos negocios.
- Esta tasa se eleva a casi un 90 % en los negocios liderados por mujeres.
Para el experto, el desafío de las entidades de intermediación financiera que apoyan estos negocios consiste en que el emprendimiento, que inicia como un autoempleo, evolucione hacia un negocio con la capacidad de generar ingresos recurrentes, acumular activos, resistir períodos de crisis y eventualmente crear puestos de trabajo.
“Ya no es de subsistencia, ya no es el bote salvavidas al cual recurro porque estoy en un momento de dificultad y me genero un autoempleo, sino que ya voy construyendo, voy consolidando y voy generando empleos en terceros”, explicó Di Plácido.
Este proceso enfrenta todavía una importante barrera: el 86 % de los microemprendimientos dominicanos opera en la informalidad, proporción que se aproxima al 90 % entre aquellos liderados por mujeres.


