A simple vista, las lomas que rodean el distrito municipal de El Pinar, en San José de Ocoa, proyectan la imagen habitual de una comunidad agrícola. Cultivos de cebolla, lechuga, tomate y otros cubren las parcelas trabajadas por decenas de agricultores que dependen de la tierra para subsistir.
Cuesta imaginar que detrás de ese paisaje, en las montañas de la provincia, las autoridades antinarcóticos localizaron más de 18,000 plantas de marihuana, en lo que ha sido descrito como la mayor plantación decomisada en la historia reciente del país.
El hallazgo evidenció que, en estas lomas remotas, el aislamiento, la geografía agreste y la escasa vigilancia también pueden convertirse en terreno fértil para actividades ilícitas.
Camino de aislamiento
Penetrar hasta el epicentro del decomiso, cercano al sector de La Cueva en El Pinar, implica una travesía de varias horas lejos del pueblo. En el trayecto, se atraviesa por algunas localidades como El Cercado, Arroyo Hondo, La Sabana y La Cueva, donde la civilización parece diluirse.
Son caminos pedregosos, estrechos y hostiles que, por momentos, se reducen a senderos de tierra seca que serpentean entre parcelas y barrancos.
Ese entorno ayuda a explicar por qué el operativo de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) sorprendió a buena parte de los residentes, quienes suelen estar sumergidos en la producción de sus cultivos.
“Nosotros nos enteramos cuando llegaron las autoridades”, relató un agricultor de El Pinar a reporteros de este diario y señaló que pasa el día trabajando en su parcela y desconoce lo que ocurre en las áreas más apartadas de la montaña.
Según informó la DNCD, el último decomiso fue de una plantación de más de 15,000 matas de marihuna en la zona de El Pinar. Estaba a unos 25 kilómetros al norte de donde se confiscó otro cultivo de 3,533 plantas.
“Sin movimiento inusual”
En El Cercado, una de las localidades en la ruta hacia la zona de la plantación, los moradores dijeron que no notaron movimientos inusuales.
Un colmadero, con timidez y sin querer identificarse, narró que, aunque en las montañas hay una intensa actividad agrícola, nunca observó algo que le hiciera sospechar de la existencia de una plantación de marihuana de grandes dimensiones hasta el momento en el que las sirenas y un helicóptero irrumpieron en la zona, lo que catalogó como un episodio de película.
“Aquí la gente siembra mucho. Esto es una zona muy productiva, no te digo que no puedan sembrar sus cosas rara”, afirmó.
Para el negociante, la primera señal de que algo inusual estaba sucediendo fue la llegada de los agentes que participaron en el operativo como detallaron ciudadanos de otras localidades.
“Antes de eso, yo nunca vi nada raro. Lo que vimos fue el movimiento de las autoridades”, sostuvo.
El hermetismo de los moradores habla por sí solo. Sus rostros, tensos y silenciosos, reflejan el temor de quien sabe que una palabra equivocada puede abrir la puerta a un terreno peligroso.


