Las señales estaban ahí, pero no bastaron para evitar el feminicidio-suicidio que este martes estremeció a la localidad de Hainamosa en el municipio de Santo Domingo Este.
Jesús Jáquez, un oficial retirado del Ejército de la República Dominicana, ya había anticipado el crimen través de una escalofriante confesión a su hermana.
“El enemigo me dice que mate a todos, pero de matar a alguien, la mato a ella y me mato yo”, narró Dominga Jáquez a la prensa.
Esas palabras, cargadas de tormento, presagiaban el quiebre definitivo de un hombre que había sido internado en múltiples ocasiones debido a severos problemas psiquiátricos y episodios de depresión.
Según el relato de su consanguínea, el excapitán atravesaba por crisis recurrentes donde aseguraba escuchar voces que le ordenaban cometer una masacre. Sin embargo, dentro de su lucidez fragmentada, prometía que jamás tocaría a sus hijos.
Un hogar dividido
Los parientes del hombre puntualizaron que la tragedia ocurrió mientras la pareja atravesaba una relación deteriorada.
Ramonita Aquino, de 37 años, y Jáquez, de 50, llevaban varios meses con dificultades y habían iniciado un proceso de divorcio, aunque continuaban viviendo bajo el mismo techo, cada uno en una habitación distinta.
“Tenía un sufrimiento porque él quería a su mujer, pero ya ella no quería tener nada con él. A ella yo le decía que irse de la casa, y que hasta para mi casa si tenía que irse que se fuera, pero ellos seguían ahí cada quien en su habitación”, manifestó Dominga.
La familiar indicó que acudía con frecuencia a la vivienda para llevarle comida a su hermano y procurar que no se aislara.
El lunes, un día antes del crimen, lo vio muy alegre sin imaginar que esa misma noche recibiría una nota de voz en la que le agradecía por estar pendiente de él y atenderlo. Sin embargo, esa aparente calma llegó con una confesión sobre la muerte en medio de episodios que preocupaban a sus parientes.
Según su hermana, había días en los que apenas comía, además de momentos de llanto, gritos y expresiones en las que aseguraba escuchar voces que le ordenaban matar a otras personas, sin imaginar que obedecería estos pensamientos.
Arma desaparecida
La familia, además, no esperaba que tuviera un arma en la vivienda.
Dominga explicó que creía que la pistola había sido retirada y que incluso llegó a buscarla en la casa sin encontrarla.
La muerte de Aquino y Jáquez dejó a sus dos hijos, de 16 y 14 años, en la orfandad en un hecho que ha conmocionado a todos sus allegados.
Una exesposa del militar que acudió al lugar del suceso expresó su preocupación por las condiciones en las que hombre tenía acceso al arma.
Según su relato, Jáquez además de padecer problemas psiquiátricos, era diabético y tenía una pérdida considerable de la visión, por lo que cuestionó cómo podía conservar un arma de reglamento siendo un militar retirado.


