La deserción escolar en la República Dominicana continúa encendiendo las alertas, ante un escenario que compromete el futuro de miles de jóvenes, advirtió la educadora María Teresa Cabrera, quien instó a las autoridades a implementar políticas públicas integrales que aborden las causas estructurales del abandono en las aulas.
“Es una situación trágica, porque todos sabemos lo que significa dejar los estudios en una población joven. ¿Qué horizonte de vida le queda?”, expresó Cabrera, al insistir en la necesidad de que las autoridades identifiquen con precisión los factores que inciden en el abandono escolar.
En ese sentido, sostuvo que la respuesta debe ir más allá de medidas aisladas y enfocarse en políticas públicas integrales que atiendan las causas estructurales del problema. A su juicio, es fundamental fortalecer la articulación entre la familia, la escuela y la comunidad para garantizar la permanencia de los estudiantes en el sistema educativo.
Sus declaraciones se producen luego de que el pasado miércoles, Iniciativa Dominicana por una Educación de Calidad (IDEC) presentó el estudio “Discontinuidad en la educación secundaria en República Dominicana”, el cual señala que, de 162,522 adolescentes estudiados a partir de 2017 y durante ocho años, 52,918 fueron clasificados como desertores (un 32 % del total).
En respuesta, el Ministerio de Educación (Minerd) aseguró que la tasa de abandono escolar en el nivel secundario se redujo de 6.3 % en el período 2020–2021 a 5.7 % en 2024–2025, evidenciando una mejora en la permanencia de los estudiantes dentro del sistema escolar.
De acuerdo con la institución, esta evolución positiva se produce junto a un aumento progresivo en las tasas de promoción, lo que indica que más estudiantes no solo permanecen en las aulas, sino que avanzan de grado de manera continua, fortaleciendo la eficiencia interna del sistema.
La pasada presidenta de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) también subrayó el peso de los factores socioeconómicos y culturales, señalando que muchos jóvenes crecen en entornos donde modelos asociados a la “vida fácil” y actividades ilícitas proyectan una imagen de éxito.
“No es casual que quien se dedica a la búsqueda de riqueza mal habida se convierta en ejemplo. La cultura de la impunidad ayuda a que eso tome fuerza en el horizonte de vida de muchos jóvenes”, advirtió.
Ante esta realidad, Cabrera planteó que el Estado, junto a los medios de comunicación y la sociedad en general, debe promover valores distintos que incentiven proyectos de vida vinculados a la educación y al desarrollo personal.



