La crecida del arroyo Lebrón, en el municipio Los Alcarrizos, sorprendió a una pareja que quedó atrapada en medio de la corriente. En cuestión de minutos, el nivel del agua aumentó dejándolos sin la posibilidad de salir por sus propios medios.
Fue en esas condiciones donde el mayor José Roberto Sánchez, comandante de la unidad B3 del Cuerpo de Bomberos, decidió arriesgar su vida para ejecutar el rescate. Sin equipos especializados y bajo la fuerte lluvia, improvisó en segundos.
Tomó dos cuerdas y construyó lo que en el ámbito de rescate se conoce como una «asiento suizo«, una técnica de aseguramiento con cuerdas utilizada en operaciones en altura, que permite sujetar el cuerpo del rescatista o de la víctima para descender o desplazarse de forma controlada en zonas de difícil acceso con apoyo de un equipo desde un punto seguro.
Este sistema se arma de forma manual con cuerdas, ajustándolas alrededor de la cintura y las piernas. El rescatista realiza amarres firmes que permiten distribuir el peso del cuerpo y asegurar estabilidad durante el descenso.
La “silla suiza” se construye pasando la cuerda por la parte baja de la espalda, rodeando las piernas y asegurándola con nudos que impiden que se deslice, creando un punto de soporte que mantiene al rescatista con control de sus movimientos.
Aunque se trata de una técnica improvisada, requiere de conocimiento previo para garantizar que los nudos queden bien ajustados y que puedan soportar el peso del cuerpo, sobre todo en situaciones de corrientes de agua o terrenos inestables.
Un rescate en dos etapas
“Sin mediar palabras, preparé mi plan de contingencia con mi equipo de rescate. Me quité la ropa de bombero y me quedé con la que tenía debajo. Agarré dos cuerdas, hice una silla suiza y me colgué para bajar hacia el arroyo a buscar a las personas”, explica el rescatista.
Con el apoyo de su equipo desde la orilla, que lo guiaba con una linterna por la poca visibilidad, inició el descenso hacia la zona donde se encontraban las víctimas.
El bombero llegó al lugar junto a su equipo tras recibir la alerta del Sistema de Atención a Emergencias 9-1-1. Se encontraba en otro operativo en Haina, donde había rescatado a cinco personas debido a las fuertes lluvias, pero al observar la situación entendió que no había tiempo que perder.
Desde la orilla, en medio del ruido, logró escuchar a la mujer pidiendo auxilio. “No tengo fuerzas, no tengo movilidad”, decía María Peralta Ortiz, mientras la corriente la empujaba hacia una zona más peligrosa.
“Cuando veo que ya no hay forma y que la señora está en peligro, decido lanzarme”, relata Sánchez.



