Imagine tener un antojo de merendar algo y no poder explicarle al colmadero lo que quiere, o tener que pedir una dirección y que no se entienda hacia dónde se quiere dirigir, mucho peor, si se le presenta una emergencia médica y nadie interpreta los síntomas que padece.
Para una persona de la comunidad sorda estas son situaciones cotidianas que se repiten como parte de su rutina diaria, teniendo que recurrir, en la mayoría de los casos, a gestos, apoyo en el teléfono celular o depender de la paciencia de terceros que les sirvan de intérpretes.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que más de 1,500 millones de personas a nivel mundial experimentan algún grado de pérdida auditiva. De estos, se estima que 430 millones tienen pérdida auditiva de gravedad moderada o mayor en el oído con mejor audición.
En la Región de las Américas, alrededor de 217 millones de personas viven con pérdida auditiva, es decir, el 21.52 % de la población. Se espera que para el 2050, este número aumente a 322 millones.
- En República Dominicana no hay cifras oficiales sobre la cantidad de personas sordas, aunque, las estimaciones indican que es una población de entre 150 mil y 200 mil personas. En cuanto al número de intérpretes calificados, se registran menos de 100.
Señas versus palabras
Ante la falta de intérpretes, las personas sordas se ven obligadas a improvisar. La lengua de señas es un idioma, se estudia por niveles y requiere de práctica para dominarlo, tal como el español, inglés o francés. La diferencia, los verbos se conjugan en infinitivo, eliminando los tiempos para mayor simplicidad.
La limitación del poco conocimiento de la lengua de señas entre personas oyentes no solo dificulta las tareas cotidianas, sino que los expone a situaciones de vulnerabilidad.
“Los engañan muy fácilmente, los ponen a firmar cosas sin ellos saber. El ideal sería que todo el mundo hable lengua de señas porque el español no es su idioma, es la lengua de señas dominicana. Si todo el mundo hablara señas, se acabara la barrera”, afirmó el pastor Emmanuel Alberty, quien lidera un culto especial para personas sordas que asisten a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, en el Ensanche Ozama.
- La lengua de señas, lejos de ser universal, varía en cada país. Existen más de 300 sistemas distintos en el mundo.
En el año 2023, el presidente Luis Abinader promulgó la Ley 43-23, que reconoce oficialmente la Lengua de Señas Dominicana (LSRD) como lengua natural y sistema lingüístico oficial de las personas sordas, y con ella, el Diccionario Oficial de Lengua de Señas Dominicana, presentado por el Consejo Nacional de Discapacidad (Conadis) en octubre de 2025.
“Los sordos son doblemente vulnerables a abusos, violaciones, trata de personas y a ser utilizados hasta como mulas para el transporte de drogas”, aseguró Consuelo Saviñón, directora del Instituto de Ayuda al Sordo Santa Rosa.
Exclusión desde el hogar
Aunque parezca increíble, uno de los hallazgos más reiterados en los testimonios recopilados es que la exclusión suele comenzar en la familia.
“El sordo no se siente incluido en su familia. Sufren solos, algunos padres los rechazan. Son muy cariñosos pero, a la vez, conforman una comunidad cerrada donde no le dan apertura a todo el mundo”, comentó el pastor.
“Toda mi familia es oyente. Empecé la escuela a los seis años y la terminé a los 20. Mi mamá oralizaba pero mi papá estaba renuente a aprender señas. Es un sentimiento muy triste”, dijo Remy Araujo, un joven de 26 años, sordo de nacimiento.
“Yo puedo costearme mis cosas, mi ropa, alimentos”, dijo Remy, quien se desempeña como auxiliar administrativo en el Ministerio de Energía y Minas y sueña con convertirse en pastor, aunque actualmente tuvo que poner en pausa sus estudios de Teología porque necesita mejorar su nivel de español.
Araujo cuenta cómo ha aprendido a desenvolverse en un mundo diseñado para los que escuchan: “Si voy en una guagua y quiero una parada, lo escribo en mi teléfono o le topo a una gente para que la pida por mí. La IA (inteligencia artificial) me ayuda a mejorar los textos. Sentimos las vibraciones y eso nos ayuda a bailar. A mí, personalmente, no me gusta, me da vergüenza”, agregó.
En tanto, el pastor Alberty expresó preocupación por la alta tasa de ideación suicida dentro de la comunidad.
El “Informe Mundial sobre la Audición”, elaborado por la OMS en 2021, resalta que, “a lo largo del curso de vida, las personas con pérdida de la audición suelen tener mayores tasas de depresión y manifiestan una menor calidad de vida en comparación con sus pares oyentes. En las personas con pérdida de la audición se observan con frecuencia retraimiento social y una alteración de las interacciones sociales, así como sentimientos de vergüenza, rechazo y ansiedad. A menudo, sienten frustración y enojo”.
Saviñón destacó que no se trata solo de las personas sordas de nacimiento, poniendo el ejemplo de los adultos mayores que pierden la audición llegada la tercera edad.
“Las personas mayores se sienten aisladas, marginadas. Están y no están porque no entienden lo que se habla a su alrededor”, comentó.



