Uber promociona su servicio Black como una experiencia de transporte de alta gama, con vehículos seleccionados por su comodidad superior, conductores experimentados y atención personalizada. Sin embargo, mi experiencia al utilizar esta categoría en Santo Domingo fue bastante diferente de lo que presenta la empresa en su publicidad.
La tarde del 2 de noviembre decidí solicitar un Uber para recoger a mis hijos del colegio y llevarlos a casa. Como suelen terminar la jornada escolar agotados, opté por probar Uber Black, una categoría que costaba aproximadamente 65 % más que el servicio que habitualmente utilizo.
La intención era pagar un poco más para que los muchachos viajaran con mayor comodidad.
El recorrido comprendía tres puntos: mi lugar de trabajo, el colegio y nuestro hogar. La distancia total fue de 8.13 kilómetros y el trayecto tomó 17 minutos, según el recibo de la aplicación.
El costo final fue de RD$361.53, incluidos RD$343.80 de tarifa, RD$15.93 por cuota de solicitud y RD$1.80 por tiempo de espera.
Un Hyundai Sonata para la experiencia premium
La primera sorpresa llegó incluso antes de abordar. Cuando Uber me asignó el vehículo, comprobé que se trataba de un Hyundai Sonata, un modelo habitual entre los automóviles utilizados para transportar pasajeros en Santo Domingo.
No se trataba de un vehículo que, por su identificación en la aplicación, permitiera apreciar una diferencia clara respecto al servicio convencional.
La situación contrastaba con la publicidad de Uber Black, que promete un «vehículo de alta gama seleccionado por su diseño moderno y comodidad superior«.
Naturalmente, la calidad de un servicio no depende exclusivamente de la marca o del modelo del automóvil. Un Sonata en buenas condiciones puede ofrecer un viaje cómodo. Sin embargo, cuando se cobra una tarifa adicional por una categoría superior, el pasajero espera encontrar características que justifiquen esa diferencia. En ese caso, el interior del vehículo no estaba en mal estado. Pero no era el esperado.


