Hay destinos que se recorren y destinos que se viven. Puntacana pertenece a la segunda categoría: un territorio de más de 15 mil acres donde un mismo día puede incluir una caminata entre manantiales naturales, una exposición de arte caribeño, una ronda de golf de campeonato y una cena frente al mar, sin que el huésped tenga que moverse fuera de sus límites. The perfect day in Puntacana no es una frase publicitaria: es un itinerario posible.
La mañana empieza, para muchos visitantes, en contacto directo con la naturaleza. La Reserva Ecológica Ojos Indígenas, con sus manantiales de agua dulce y senderos entre la vegetación original de la zona, ofrece una primera pausa contemplativa antes de que el día tome ritmo. Es un recordatorio de que, mucho antes de convertirse en destino turístico, Punta Cana fue, y sigue siendo, un ecosistema que el propio Grupo Puntacana se ha comprometido a proteger.
De ahí, la ruta puede continuar hacia el terreno de la cultura. El Centro Cultural Rainieri, impulsado por Frank y Haydée Rainieri como un proyecto gestado durante 25 años, se ha propuesto convertirse en un espacio clave para la difusión de la historia, el arte y la identidad dominicana, tanto para residentes como para los visitantes de la zona. Su Sala Temporal abrió con la exposición El Mar como Territorio, una muestra de más de 70 obras de la colección de Héctor José Rizek que reúne a más de 40 artistas del Caribe insular y su diáspora, disponible de martes a domingo con entrada gratuita. Es, quizás, el capítulo más inesperado de un día en Puntacana: el destino no solo ofrece playas, también ofrece memoria e identidad.


