La vida de Aurora Suárez Hernández se apagó la madrugada del 2 de mayo en el Hospital Pediátrico Dr. Hugo Mendoza. Tenía cinco años y apenas unas semanas después, el 22 de junio, habría celebrado su sexto cumpleaños.
Mientras espera los resultados de la autopsia y el avance de la investigación, su padre Randy Suárez, revive las últimas horas que compartió con su hija, una niña que describe como alegre, curiosa y apasionada por aprender sobre los planetas.
Aurora tenía varicela y presentaba una de las lesiones lucía más inflamada de lo habitual, además de dolores en el cuerpo. Por esa razón fue llevada a la Clínica Oriental, ubicada en Sabana Larga, donde recibió medicamentos, una inyección y la indicación de utilizar un tratamiento tópico.
Sin embargo, horas más tarde, la menor comenzó a quejarse de dolor en las articulaciones de las manos y aparecieron manchas moradas en distintas partes del cuerpo, además de inflamación en el abdomen.
Ante esos síntomas, la familia regresó al mismo centro de salud. Su padre relató que un médico observó a la niña y recomendó realizar una sonografía, pero les informó que el estudio no podía efectuarse porque el centro no contaba con sonografista y que, además, en caso de requerir ingreso, no disponían de un pediatra intensivista.
Fue entonces cuando decidieron trasladarla al Hospital Pediátrico Dr. Hugo Mendoza. A partir de ese momento, comenzó la pesadilla y la larga espera para que Aurora recibiera atención médica.
Horas de espera
De acuerdo con el padre, al llegar entregó el carnet del seguro y explicó los síntomas que presentaba la niña al personal de admisión. Afirma que posteriormente una empleada le indicó colocar la documentación sobre un escritorio y esperar.
Suárez aseguró que, pese a expresar en varias ocasiones que su hija presentaba inflamación abdominal y manchas en la piel, le informaron que debía esperar porque había otros 11 pacientes antes que ella.
Tras permanecer un tiempo en el área de preemergencia, Aurora fue evaluada por una doctora durante pocos minutos. Le ordenó un hemograma y la administración de un medicamento, pero debieron esperar alrededor de dos horas para que se le tomara la muestra de sangre.
«Esperé alrededor de dos horas en donde se toman las muestras porque resulta que el mismo personal que toma la muestra en emergencia, es el mismo que está en el segundo piso tomando las muestras a los internos y cuando ellos tengan tiempo de bajar a emergencia a tomar las muestras de los pacientes, ahí es que se atienden. Esa es la realidad, eso nos pasó», expresó.
Durante ese período, aseguró que la niña recibió un medicamento y posteriormente presentó una convulsión mientras permanecía en sus brazos.
«La niña convulsiona encima de mí, la niña hace pupú, encima de mí. Mi esposa y yo vamos al baño, la limpiamos, pero ahí no había un médico, una enfermera pendiente a la reacción de un niño, a cómo se encontrara», indicó.
De acuerdo con el padre, de inmediato llamó a una enfermera que anteriormente la había atendido para decirle que su hija estaba convulsionando, sin embargo, se le indicó que debía dirigirse al personal del área donde la niña ya había sido referida.
«Le digo: la niña está haciendo una convulsión, y ¿sabe lo que me dice esa doctora? No, ya usted pasó a aquella área, la que la atiende es aquella que está allá. Cuando voy donde esa enfermera, ella me pasa un termómetro por debajo de un cristal, sin ni siquiera pararse, mirar a la niña y me pasa un termómetro, y yo intento colocar el termómetro a la niña, pero yo no sé bregar con eso», indicó.
Ante esa situación, Suárez comenzó a pedir ayuda y un agente de seguridad lo acompañó al segundo nivel para agilizar la toma de la muestra de sangre.
«Ellos intentaron sacarle un poco de la muestra, después de haberle hecho como 10 puyones. Cuando la niña se pone encima de mi mala, salen y me dejan trancado en el cuartico, y yo toco la puerta duro, y digo: mi hija está mala, y y me dicen: padre, nosotros estamos haciendo nuestro trabajo«, explicó.


