El Banco Mundial (BM) ajustó este jueves a la baja su previsión de crecimiento para América Latina y el Caribe al 2.2% en 2026, a causa del debilitamiento de la economía mundial, en medio de la incertidumbre energética.
Las previsiones de enero eran de un crecimiento del 2.3%. La economía mundial en general también se desacelerará, con un crecimiento estimado en el 2.5%.
Ese 2.2% es «reflejo de una demanda interna aún débil y un menor dinamismo de la economía mundial«, explicó el informe.
En abril el BM había situado su previsión en el 2.1%, pero la institución establece ahora su comparativo con enero.
La región volverá a fortalecerse de manera gradual en 2027 (2.5%) y 2028 (2.8%), «a medida que la política monetaria se flexibilice y las condiciones globales mejoren», dicen los expertos de la institución.
Recuperación a mediano plazo
«Se espera que la inversión sea un motor importante de la recuperación a mediano plazo, acelerándose durante 2027-28 a medida que la flexibilización de la política monetaria cobre impulso» explicaron.
En ese ambiente de cierta morosidad destaca Argentina, con un crecimiento del 3.6% en el ciclo 2026-28, «impulsado por las exportaciones, pero limitado por políticas monetarias y fiscales restrictivas en el plano interno».
Brasil crecerá un 1.9% este año, Colombia un 2.3%, gracias a su condición de exportadores de petróleo.
México también se queda relativamente al margen de la crisis de los precios de la energía, pero la incertidumbre en torno a las negociaciones de su tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá pesa, y solo crecerá un 1.3% este año.
«El alza de los precios del petróleo aumentará los costos de importación y agudizará las presiones inflacionarias en los países importadores netos de energía. Sin embargo, economías como Chile y Perú se beneficiarán parcialmente de los elevados precios de los metales», indicó el texto.
América Central y el Caribe, subregiones que importan más energía de la que exportan, siguen expuestas a los vaivenes externos. Solo las remesas y la demanda interna, relativamente estable, mantienen el crecimiento.
«Los desafíos del mercado laboral persisten en toda la región, reflejando una débil creación de empleo formal, una elevada informalidad y un modesto crecimiento de los ingresos, lo que continúa afectando la productividad, el consumo y la reducción de la pobreza», concluye el BM.



